jueves, 3 de marzo de 2011

CONTINÚAN LAS LECTURAS POR LA PAZ


En Tertulaias del Cabral en Hermosillo, Sonora
En el D.F., en el Monumento a la Revolución, en el Día Internacional de la Mujer, este sábado 5 de marzo, de 3 a 9 pm, 'Por el No a la violencia contra la mujer'

En la Lectura x la Paz del 28 de diciembre de 2010, leído el 5 de febrero, 2011, en la Explanada del Centro Cultural José Martí, México, D.F.

"Hoy festejo que existe gente todavía en mi país como ustedes, que están aquí, por la preocupación a causa de lo que acontece en nuestra tierra mexica. Y quiero ahora festejar que están aquí porque han pasado de largo frente a ese individualismo que poco a poco se ha ido apoderando de gran parte de nuestros hermanos mexicanos, esa peste que es el individualismo que ha entrado corriendo por las calles, en casas y edificios, en valles, ríos, y en desiertos, penetrando rincones recónditos, invadiendo entendimientos, engañando a la lógica con la consigna de que es la única manera de subsistir en esta tierra donde hemos visto que nos han dejado colgados con proyectos, que nos han dado la espalda cuando hemos pedido ayuda, donde hemos visto que cada quien se rasca con sus propias uñas, donde nos han dado en la mejilla con un ‘cada quien pa’ su santo’, con una bofetada de ‘yo solito desde mi trinchera’, una propia, privada e individual trinchera. Por eso ahora los festejo a ustedes, porque no sucumbieron a esa peste y están aquí, porque sienten como yo lo que está lacerando a esta tierra, porque lamentan como yo ese contagio y la ausencia de vacunas y remedios que anulen la enfermedad.


Esa peste en que, como si José Alfredo Jiménez lo hubiera visualizado desde su momento, el concepto de vida adquiere un matiz fugaz, de desesperanza o de trivialidad, “la vida no vale nada” y fluye la sangre como si no valiera y se desperdigan amenazas y balas como si no hubiera nada por qué vivir, nada qué perder.
Por eso hoy festejo que están aquí en contra de esa violencia, estamos aquí porque creemos en la raza de esta tierra, una sola de cualesquiera descendencias, una todos los de cada uno de los rincones de nuestro México.

Porque este grito en contra de la inhumana crueldad surge de un impulso de abrazar a aquellos que están siendo lastimados por ella, de un ímpetu de estrecharlos a todos ellos que están sufriendo los estragos de las ansias de poder, de los intereses económicos, emerge de un deseo de acoger a aquellos que han tenido que huir de la madre patria, del duelo instintivo que llevamos por tanta muerte, de unas lágrimas que quieren brotar ante este país que se desgarra.

En esta sensibilidad de ustedes para estar aquí por la paz, yace la comprensión de los lazos entre cada uno de los pueblos y comunidades, las capitales y estados, de México, esa comprensión que nos hace vernos como seres humanos iguales todos, con los mismos errores, defectos, omisiones, las mismas necesidades, y percibimos ese dolor, ese miedo que parece extenderse abarcando cada vez más.

Por eso, los celebro a ustedes, a la vez que insisto en convocarlos a oponerse a esa peste con su sensibilidad, a impregnar a otros de ella contraviniendo esa plaga, sanando a otros del individualismo que nos han sembrado, que es esa epidemia la principal causa de la violencia, de la masacre que sólo persigue satisfacer deseos propios particulares, egocéntricos... individualistas.

Los festejo a todos ustedes y a mi tierra y a mi raza, la que somos hoy todos, y festejo su flora, sus árboles, sus pencas y nopales, su aguamiel y sus manjares, festejo su águila y su serpiente, sus modismos y su mariachi, festejo todo lo que es ella en sus antojitos, sus chiles, sus artesanías y sus pirámides, festejo al sol que brilla sobre nosotros y a Quetzalcóatl y a Coatlicue, a la Guadalupana y sus procesiones, festejo su habla y su sentido del humor que alivia. Festejo a su gente y a esta Madre Tierra que gracias a ella soy, y gracias a ella estoy aquí, con ustedes.


Gracias."
Cristina de la Concha

viernes, 14 de enero de 2011

De la poesía de Dinko Pavlov

Una ventana abierta a mi infancia
estremece mi garganta
resucitando antiguos dolores,
castigos medievales;
eran tiempos de voz baja,
silencio era la orden sagrada,
infinita represión
que ahora disuelvo con paciencia,
con el devenir de los años
el discurso se vuelve justo.





Hoy por hoy,
helados besos en la conciencia
avisan que el invierno
refleja su pasada,
nos vuelve metales
o bruñidos espejos parpadeantes,
Más allá todo en movimiento
trata de ganar espacios,
volver desde la muerte es el lema
con miradas solemnes.

Enmudece el silencio,
la caída de la nieve detrás de la puerta
pone su afilado dedo
sobre los labios,
haciendo huir las palabras
en todas direcciones,
ladrones sorprendidos
en plena faena.

Oraciones y frases se enmascaran
en evasivo discurso,
emergen rompiendo su pacto
a la hora precisa en que el diálogo
“requiescat in pace”.

martes, 15 de junio de 2010

Querido Dinko por Pterocles Arenarius

Querido Dinko
por Pterocles Arenarius

Para María

Dinko Pavlov, un hermoso hombretón, barbudo, eslavo pero chileno pero eslavo, poeta, grandioso bebedor, izquierdoso, formidable y divertido para la conversación. Un lindo sujeto. Nos encontramos por primera (y última) vez en nuestras vidas en Tulancingo, Hidalgo, precisamente en el I Encuentro Latinoamericano de Escritores que organizara la asociación civil Culturalcingo que dirige Cristina de la Concha.     Dinko, un excelente poeta y no menos notable narrador, fue una de las estrellas de aquel inolvidable encuentro de escritores. Pero además de dignísimo exponente de su país, era un maravilloso, simpatiquísimo conversador y, para completar las muy gratas veladas en su compañía, Pavlov era además un formidable tenor que fácilmente hubiera podido ganarse la vida cantando.
     Entre sus grandes amigos chilenos que nos acompañaron en aquel encuentro, nos contaron que en alguna vez en que compartían habitación, dejaron afuera al “Ruso” Pavlov. Cuando éste llegó comenzó a entonar el nombre del interfecto con su privilegiada voz de tenor dando, digamos, un do subido de tal manera que toda la vecindad se alarmó con las extraordinarias entonaciones del entrañable ruso. Los que estaban adentro se apresuraban siempre a abrirle o a tenerlo bien dotado de llaves para que no los llamara entonando con su potentísima voz y con ello se enterara el vecindario en tres kilómetros a la redonda.
     Hoy Dinko ha muerto.
     Cuando un gran amigo, un gran hombre, se muere, nos consolamos (¿hasta qué punto con razón?) con ideas metafísicas, espirituales, con pensamientos de vidas “mejores”. Pero lo único que nos queda es la soledad y un vacío enorme. De alguna manera nos damos cuenta que nuestro mundo se ha empobrecido. Pero además, objetivamente, cuando muere un poeta, el mundo se ha vuelto un poco peor que antes.
     Otra manera mucho mejor de consolarnos es leyéndolo. Es el gran homenaje, es la manera en que recuperamos a nuestro querido amigo y mediante la cual encontramos que si desapareció de este mundo, algo, más bien mucho de él queda en este mundo: sus versos, sus cuentos, sus novelas. Los poetas, lo dijo Manuel Gutiérrez Nájera, no mueren del todo.
     Leamos a Dinko Pavlov.

ARREOLITA CONSCIENTE

ARREOLITA CONSCIENTE

Para Fernando

La literatura que amé se ha convertido en cuento.


Se me convierte en cuento cada vez que, rilkeando,
no puedo hacer más cosa que escribir,
aunque no escriba cuentos, qué más da.

¿Qué son los géneros, dices, mientras clavas
académico, en mí, tu absurda daga?
(En mí puede cambiarse por cerril, al gusto).

Yo simplemente gozo al escribir,
al escribirte,
y nos escribo y gozo y soy más yo
y mejor;
alguien en un café me está leyendo
y siente una pequeña picadura.

El primigenio caos se va ordenando
y todo es realidad
de otra manera…


Yo soy el lugar de sus apariciones.